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FOTO: MANOLA CANALIZO
ARQS. CARLOS Y GERARD PASCAL
Gerard (GP): Pascal Arquitectos
inició sus operaciones en 1979, cuando decidimos trabajar
por nuestra cuenta después de colaborar en varias empresas.
Comenzamos con una casa y esa obra recomendó nuestro
trabajo. No pasó mucho tiempo para que llegaran varios
proyectos nuevos.
En 1982 hubo una crisis muy fuerte en el país y todo
el ramo de la arquitectura fue muy afectado. Esto cambió
la forma de operar el despacho, pues comenzamos a enfocarnos
en el diseño de interiores de casas de alto nivel,
así como en las remodelaciones. La gente comenzó
a referirse a nosotros como decoradores. La decoración
en sí es a veces más difícil que la arquitectura
porque significa trabajar con elementos más efímeros
y no tan duros con el objeto de crear especialidades y lograr
que se muestren las cosas en escena de una forma que, en ocasiones,
con la arquitectura no se puede lograr.
Escuchar al cliente nos ha enseñado mucho pues el trato
directo con él nos ayuda a apreciar mejor sus necesidades,
y a entender mejor lo que a nosotros nos corresponde hacer.
Para tener éxito en este trabajo debemos ofrecer una
respuesta directa a lo que el cliente necesita. Por lo general,
el arquitecto está educado para realizar una búsqueda
del estilo y del arte; por ello se inclina más a crear
obras increíbles. Se le olvida hasta cierto punto que
detrás de esa obra hay alguien que la va a utilizar.
Saber esto nos ayudó a mantener una muy buena relación
con nuestro cliente, tratando de traducir sus necesidades
en espacios a través del diseño interiorista.
Carlos (CP): Como despacho, una
mala decisión fue enfocar nuestro trabajo en una sola
cosa. La crisis del ‘94 nos hizo cambiar un poco nuestro
giro, y decidimos hacer un despacho que solamente se dedicara
a proyectar. Sin embargo, el diseño en México
no es bien remunerado y mantener un negocio así se
volvió algo muy difícil. Entendimos que debíamos
regresar a nuestra actividad original: la ejecución
de obra.
GP: El que proyectar no sea una
actividad bien pagada se debe a que nosotros los arquitectos
en ocasiones no imponemos un respeto por lo que significa
nuestro trabajo y nuestra profesión. Además,
lamentablemente hay personas que ofrecen el servicio de una
forma no profesional y, como el mercado de consumo es poco
exigente, entonces muchos clientes prefieren pagar mucho menos
por el proyecto sin importarle la calidad.
El proyecto es de donde surge todo. Si no tenemos un proyecto
bien definido, el resto de la obra se ve plagado de problemas
al momento de la construcción y lo que se obtiene es
un producto mediocre. Desafortunadamente eso es algo muy frecuente
en México. Si queremos compararnos con otros países
debemos darle al proyecto el valor que realmente tiene.
CP: Nosotros trabajamos todo en
conjunto: proyecto, obra y diseño de interiores. El
diseño de interiores está presente desde la
primera línea y está presente en los procesos
de obra. Para poder diseñar el lugar en donde se colocará
una luminaria, por ejemplo, debemos saber los posibles amueblados
que van ahí y los usos que puede tener ese lugar. Muchas
veces no son usos específicos sino cambiantes. Ya no
debemos pensar en las obras estáticas, como en años
atrás solía pensarse, dado que los mercados
tienen la posibilidad de cambio y de adaptación. Si
diseño un departamento debo pensar que ese departamento
se puede reconfigurar en diferentes maneras. Las obras deben
permitir esos cambios.
Nuestros proyectos no empiezan con dibujos sino con una tabla
de costos. Esa tabla dinámica nos dice cuántos
recursos se asignan a cada partida, con cada concepto en la
proporción y balance adecuado. Simplemente por eliminación
sabemos qué va y qué no va. Nuestros procesos
no consisten en decir «yo quiero hacer esto»,
sino que dependen de lo que puedo o no puedo hacer de acuerdo
al gusto, al presupuesto, a la logística de tiempos
de entrega, a que si los fabricantes son confiables o no.
No estamos «casados» con un material o producto.
Sabemos que hay arquitectos que usan concreto y acero, pero
también que otros se caracterizan por usar mucho el
cristal.
GP: A nosotros nos encanta buscar
materiales. Parte de hacer arquitectura es experimentar y
poder aplicar diferentes tecnologías y diferentes materiales,
al igual que materiales tradicionales pero usados a tu favor
cuando quieres lograr ciertas imágenes. Muchas veces
usamos tabique aparente porque de alguna forma establece un
concepto conservador y al mismo tiempo se puede interpretar
de forma contemporánea o muy moderna. Utilizando nuevas
tecnologías, logras la familiaridad visual que tiene
el material y puedes mezclarlo con nuevos materiales. Siempre
estamos en ese camino y nunca nos cerramos a lo que podemos
encontrar. Por ejemplo, el «concreto y acero»
es una opción pero no es la única, en cada momento
o época hay productos de gran calidad. Al ver las cosas
buenas podemos tomar esa imagen y aplicarla a nuestros diseños
actuales.
CP: Nosotros nunca hemos creído
en un estilo en particular, creemos en la diversidad. No creemos
en una sola manera de decir las cosas, el uso de los estilos
hoy no es una ideología sino una mercadotecnia inversa:
se busca a qué mercado satisfacer y ese es el lenguaje
que se utiliza, pues se tiene que dar lo que se está
buscando.
Cuando hablamos de estilos y corrientes en la arquitectura
sabemos que las construcciones solían corresponder
a una manera específica de vivir, de vestir, al arte
o a la música. Hoy no hay un simbolismo universal;
todo es muy diverso, es imposible hacer catálogos exactos
de una corriente en particular. Las comunicaciones hoy día
permiten importar todo y nos tienen muy cerca de perder valores
de identidad. Sin embargo, lo bueno definitivamente va a subsistir.
Nosotros creemos que las tendencias en un momento se agotan
porque el momento en que empiezan a repetirse tiende a desaparecer
y quedar fuera, pues los mercados piden la renovación.
Lo mismo pasa en las modas de ropa y en la música:
es un cambio constante. Cuando no tienes algo nuevo te vas
a tu archivo y sacas el «retro».
GP: En nuestros proyectos nos
enfrentamos a cada situación de una manera única.
No es lo mismo construir la casa de una persona que tiene
los medios para comprar lo que quiere, o edificar un hotel
dirigido a un determinado mercado o construir un edificio
de oficinas que el cliente solamente quiere vender. Cada caso
en particular para nosotros representa la búsqueda
de una imagen en conjunto con el cliente. Nunca sabemos cómo
vamos a terminar una obra. En el camino se ve a dónde
llegamos porque hay muchas fuerzas que van modelando el proyecto.
La primera de ellas es, obviamente, el presupuesto. Buscamos
encontrar un camino nuevo y que nuestra trayectoria no sea
como la del cantante que tuvo éxito con una canción
y que la canta los siguientes veinte años. Lo que buscamos
es encontrar algo que nos satisfaga, que nos divierta, que
nos motive, y que haga que nos busquen. Si hacemos lo mismo
de siempre o lo mismo que los demás no valdría
la pena; los mercados de hoy piden un diferencial. A menos
que hayas logrado un discurso excepcional, o aunque quizás
lo sigas logrando, debes ir adaptándole diferentes
tendencias. Si esa tendencia se agota, debido a que llega
el momento en que ya no tiene coherencia con el mercado que
le corresponde, la copia que se hace de la innovación
va degradándose y ésta ya no tiene razón
de ser.
CP: Respecto a los proyectos que
incluyen mobiliario e interiorismo en general con baja calidad
y que no corresponde al resto de la obra, creemos que es una
mala forma de trabajar. Nuestra idea es que haya congruencia
y continuidad en la totalidad de la obra, desde la zona de
servicio y estacionamientos hasta la cocina, no hay diferencia
en las áreas de las obras. Haces la inversión
de acuerdo al costo del terreno. No proceder así es
como vestirse usando ropa de alta calidad, pero combinándola
con otra muy barata. Uno no hace eso porque corre el riesgo
de verse ridículo.
Hoy día, si uno quiere vender un departamento, uno
de los mayores puntos de impacto es el diseño interiorista
de la cocina, en donde se puede proporcionar un elemento «plus»
al usar productos de la tecnología más avanzada.
Hoy en día todos quieren vender la cocina con la cafetera
empotrada, pero más por razones que tienen que ver
con clichés de marketing: quizás aunque no acostumbren
tomar café express quieren poseer ese equipo como una
excusa para recibir a sus visitas en esa área y mostrarles
que tienen un producto así en su cocina.
GP: Los desarrollos exclusivos
de departamentos en México han cambiado de acuerdo
al momento. Hace unos años hubo un boom en lo que se
refiere a oficinas. Se generó una impresionante cantidad
de metros cuadrados y hubo una sobre oferta terrible, con
lo cual bajaron los precios. Cuando se acabó ese mercado,
la siguiente tendencia fue lo habitacional, que hoy día
tiene un campo bastante amplio.
CP: Los desarrollos actuales en
la ciudad de México han recurrido al reciclaje. Esa
es una de las cosas más interesantes en la construcción
que suceden en este momento. Un ejemplo son las obras en colonias
como Narvarte, Condesa y Roma, entre otras. Existe el reciclaje
porque, debido a las nuevas reglamentaciones, los terrenos
adquieren potenciales financieros que obligan a llevar a cabo
nuevas inversiones, pues de lo contrario se convierten en
terrenos ociosos.
GP: Los suburbios tienen un costo
muy alto de producción. Si se quiere hacer una obra
nueva los gastos de infraestructura son muy altos, pero en
toda esta zona la estructura ya existe. Se trata de estructuras
muy buenas que están consolidadas y en ese momento
retomarlas y usarlas tiene un costo muy bajo, pues es una
zona muy bien establecida y el costo de recuperación
es muy alto. Como negocio, entonces, es algo muy bueno.
En algunas ciudades de provincia han ocurrido explosiones
en cuanto a construcción pero siguen siendo ciudades
muy pequeñas, muy conservadoras, y no han tenido el
crecimiento en áreas residenciales, lo que se ha traducido
más bien en los grandes monstruos que invaden toda
la parte comercial, centros comerciales, de entretenimiento
y cines, entre otros. Sin embargo, los centros comerciales
tienen la misma fórmula utilizada en los Estados Unidos,
es decir, un paquete ya hecho que simplemente se «planta».
Las construcciones hoy día parecen imágenes
posmodernistas, elementos de machote que simplemente se transportan
y se aplican, y en donde no hay conciencia ni de hacer arquitectura
ni de generar espacios amables; la única «conciencia»
es vender. Estamos en un mundo donde todo se mueve a través
del comercio.
En otras ciudades del país solamente se satisface la
demanda de un mercado. Si me preguntan si ha habido una buena
arquitectura a nivel general, diría que ahí
no hay una preocupación porque, dado que no existe
demanda, la gente solamente tiene la necesidad básica.
No hay interés ni siquiera en industrializarla de una
manera racional, de hacer un buen producto ni de dar una respuesta
al problema de la habitación en una forma industrializada,
aprovechando los recursos de la ciudad e integrando el diseño.
De haberse hecho así, el problema de vivienda en México
se hubiera resuelto hace mucho tiempo. Pero al monopolio no
le interesa.
CP: El sector habitacional, sin
embargo, no es el que más hemos trabajado. A través
del tiempo hemos tenido diferentes tipos de trabajos y obras.
El hacer siempre residencias de lujo a veces se vuelve monótono;
hacer otro tipo de obras te enriquece mucho. Lo que aportamos
cuando desarrollamos residencias es que cada obra es un proceso
propio, único y auténtico.
Al contrario de las casas en serie, cada una de nuestras obras
tiene un costo de producción más elevado. Si
yo produjera de una forma repetitiva, es decir, si yo hiciera
el mismo tipo de casas en mi proceso de producción
ahorraría muchos pasos y mis costos serían más
bajos para desarrollarlo.
GP: El área de cocina la
desarrollamos dependiendo de cada obra, pero sucede que esa
industria en México todavía está en una
etapa de formación y no podemos compararnos con los
países industrializados. No se le pude considerar una
industria de fabricación porque lo que realmente se
hace es que todos los herrajes se importan. Es como la industria
de autos en México: son armadoras, no se implementan
cosas nuevas a menos que sean elementos relacionados a la
función, pero estas áreas ya están muy
definidas.
Tener un mobiliario que va a tener buena duración,
independientemente de los estilos y las tendencias, creo que
es lo más importante. Para obtener un producto de muy
buena calidad y de precio accesible, manejamos nuestras compras
por medio de licitaciones.
CP: Lo que normalmente hacemos
es comprar cocinas italianas, porque en Italia las fábricas
tienen una capacidad de producción tal que han trascendido
inclusive a estos momentos cambiarios, que han sido malos
para ellos. A pesar de las circunstancias, sus precios siguen
estando más bajos que los precios de las empresas de
México.
Cuando construimos casas de lujo, en la mayoría de
los casos, nosotros diseñamos las cocinas. Las cocinas
prefabricadas se manejan a través de módulos
y a veces hay lugares donde no se puede adaptar el módulo
o no se puede generar una cocina a nuestro gusto. Cuando nosotros
las diseñamos le damos un carácter más
personalizado, no siempre se encuentra lo que se quiere ya
diseñado, así que acabamos diseñándolo.
Si pudiéramos, nosotros lo diseñaríamos
todo, porque creemos que la arquitectura no es únicamente
la parte de hacer la casa sino que el concepto de diseño
total, en donde todo se integra.
GP: Por otro lado están
las cocinas industriales para hoteles y restaurantes, lo cual
es un ramo muy distinto, en donde la desventaja es que no
encontramos cocinas con el diseño que nos gustaría.
En los restaurantes en México diseñan las cocinas
como algo aparte, no para ser visto, aun cuando la tendencia
mundial es de alto diseño para estos lugares. El diseño
de la cocina del restaurante, a diferencia de las cocinas
residenciales que se basan en la estética, se enfoca
más en la parte operativa para buscar el mejor rendimiento
en una línea de producción.
Desafortunadamente no tienen un diseño agradable y
estético que se integre con el entorno.
Para diseñar una cocina de restaurante en parte te
basas en las necesidades del chef y en su forma de trabajar.
Existen también el restaurante patrimonial y el de
moda que durará quizás de tres a cinco años.
En esos casos debes dar la posibilidad de que esa cocina se
pueda rediseñar. Hay mobiliario que incluso tienen
ruedas para ubicarlo en diferentes lugares. Algunos restaurantes
que han cambiado de dueño siguen usando la misma cocina.
CP: Lo importante en el área
residencial es permitir la movilidad y la intercambiabilidad
de los espacios. Ya no podemos diseñar para algo estático
sino para algo en movimiento. En necesario pensar en la posibilidad
de integrar nuevas y diferentes tecnologías ya sea
en la cocina o en el resto de la casa, y crear una arquitectura
que permita la inserción de algo que propicie esos
cambios.
Los despachos de arquitectura debemos estar siempre con la
mira en la innovación y no pensar que ya se conoce
o se tiene todo.
CP: Lo que más nos gusta
de esta profesión es el hecho de no pensar en retirarnos,
sino en llegar a una edad avanzada haciendo arquitectura.
Cuando vemos que el producto está hecho, sólo
con el tiempo nos daremos cuenta si cumple su función.
Para nosotros la misma experiencia te va permitiendo encontrar
nuevos caminos para hacer cosas diferentes cada día.
Que se reconozca tu trabajo es algo muy bonito y el hecho
de que te den un premio y te digan que estás haciendo
las cosas bien es un gran estímulo. Sin embargo, en
cierta forma eso es cumplir con las expectativas del mercado
que otorga esos premios. Generalmente se trata de relaciones
entre empresa y clientes: si coincides con sus expectativas,
entonces te premian.
Muchos aceptan como concursantes solamente a quienes usan
sus productos. Nosotros pensamos que el Colegio de Arquitectos
sería la institución ideal para organizar esas
premiaciones.
GP: Un arquitecto que inicia su
carrera y quiere entrar al campo participando en alguno de
los mejores bufetes de arquitectura debe saber que esa no
es la única manera de trabajar en este ramo. Esa es
más bien una mala enseñanza que se imparte en
las escuelas. La realidad es que ahí siempre destacará
el gran arquitecto y dueño. Hay otras formas diferentes
de trabajar en la arquitectura. El desempeño de excelencia
depende del mismo arquitecto y no del bufete donde trabaje.
Las revistas y las escuelas te impulsan a estar dentro del
«star system» y eso es muy frustrante, porque
normalmente los que entran a esas compañías
son muy pocos y, además, es un grupo tan cerrado que,
aunque se sienten muy importantes, ante el mundo no representan
gran cosa.
Muchas veces los estudiantes quieren hacer lo que ven en las
revistas y lo que hay en ellas es lo políticamente
correcto para ciertos grupos nada más, dependiendo
de con quién se sientan identificados. En algunas clases
les decimos: «vean lo que hay en las revistas para que
no lo hagan». No es que queramos hacer algo propio;
estamos creando una mercancía y ésta exige que
se cumplan ciertas reglas. Además, debemos pensar que
hay un cliente que pide plusvalía, pero ese cliente
muchas veces no siempre es el usuario final. Nosotros estamos
tanto en la función de crear la plusvalía como
de hacer lo socialmente correcto.
CP: Hay quienes diseñan
para que el resultado sea aceptable en los estándares
de las revistas, aunque la gente no pueda habitar esos espacios.
No vamos a criticar al minimalismo, pero lo mejor de esa tendencia
es la forma en la que se ve en las fotos. Si se vive en una
ciudad en donde el modo de vida es estresante, con este «acelere»
y esta presión, cuando ves una de esas fotos lo primero
que quieres es estar ahí y sentir esa paz. Al vivir
la realidad, sin embargo, esta alternativa no necesariamente
es la más cómoda.
GP: La verdad es que somos una
cultura acostumbrada a acumular, no a desprendernos. No somos
monjes del Tibet. Hay cosas que compramos y nos gusta exhibirlas
y no vamos a deshacernos de todo ello para mantener un espacio
en donde no hay un solo mueble. Es como querer vivir en una
escultura vacía. Quien diseña eso es porque
se quiere representar ahí, y existe porque de alguna
forma la gente lo acepta, es una realidad, es válido,
tiene razón de ser y es bonito. Tal vez nosotros no
podríamos vivir ahí pero, si nos lo piden, lo
haremos muy bien.
Otro ejemplo es la tendencia de los «lofts». Si
tienes hijos, no puedes vivir en un «loft» a menos
que quieras que todo el mundo vea el interior de tu casa y
que desees tener todo abierto. La realidad es que el concepto
de «loft» en este momento no es lo ideal para
una familia en México. Se trata de un espacio polivalente
e intercambiable. Sabemos que está cambiando la institución
familiar, así que debemos darle oportunidad a la arquitectura
de adaptarse a esa forma de habitar.
Nosotros disfrutamos mucho cada nuevo proyecto. Afortunadamente,
esta trayectoria enfocada a dar un buen servicio nos ha traído
trabajo y la verdad es que cada obra que llega la tomamos
como algo nuevo y excitante. Esa es la parte que nos llena,
así sea una casa pequeña o un gran hotel, cada
obra tiene algo que te da una gran satisfacción al
llevarla a cabo con cariño.
La experiencia del proceso nos llena pero, cuando la obra
está terminada, te das cuenta que deja de ser tuyo
el proceso y se materializa en algo aún más
rico en ideas. Eso es algo que trasciende.
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