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FOTO: ALEJANDRA VEGA
ARQ. DEREK DELLEKAMP
El arquitecto Derek Dellekamp es egresado
de la Universidad Iberoamericana y actual titular del departamento
de arquitectura de la misma. Tras cinco años de experiencia
diseñando y construyendo casas y edificios de departamentos,
actualmente está desarrollando un jardín recreativo
ambiental infantil en Chapultepec. Recibió la mención
honorífica en la VIII Bienal de Arquitectura en México
por el edificio de departamentos AR58, así como la
mención honorífica en el concurso para la Biblioteca
nacional José Vasconcelos en el 2003; además,
ha expuesto sus proyectos en el centro de arquitectura de
Nueva York.
Lo que más me gusta de la arquitectura es su posibilidad
de ser infinita y de reinterpretarse. Si me reprodujera a
mí mismo me aburriría mucho. Al ver las imágenes
de nuestros proyectos se puede percibir que las obras no se
parecen tanto. Pero no es algo imposible, pues es una búsqueda
personal. Es como una capa que siempre está ahí
en temas que te interesan como la geometría, los materiales
o el manejo de la luz; cada vez procuramos reinterpretar y
que nuestras obras no se parezcan.
Nos interesa trabajar tomando como base al cliente, al sitio,
a las situaciones que construyen esa realidad tratando de
obtener soluciones distintas y no con base en ideas prefijadas.
Nos interesa mucho permitirnos en cada obra replantear nuestros
temas y encontrar la mejor solución in situ.
La cocina es uno de los elementos del programa que tiene la
capacidad de redefinir cómo se habita una casa. La
cocina inevitablemente —aunque sea un cliché—
es el epicentro de una casa y funciona como un detonador de
actividades dentro del espacio público, dependiendo
de cada familia o habitante.
Casi todas las cocinas que hemos hecho son abiertas. Creo
que los clientes con quienes trabajamos definitivamente están
buscando arquitectura experimental. Hasta el momento nunca
hemos construido una cocina entre cuatro muros.
Yo no diseñaría una cocina pues es como diseñar
un coche: ya existen grupos de profesionales que se dedican
a diseñar y comercializar cocinas de excelente calidad.
En México las cocinas no son tan experimentales ni
tan funketonas. Sin embargo, he visto diseños extranjeros
extravagantes: redondos, sumergidos o desplegables.
En cuestión de cocinas sí hay una demanda muy
importante en todo lo que hemos hecho. Comprar una cocina
importada es algo excelente; funcionan muy bien al paso del
tiempo.
Siempre he trabajado con el mismo proveedor porque me atiende
un diseñador industrial que entiende mucho mejor lo
que estoy haciendo, y generalmente cotizo con alguien más
para presentar una alternativa extra al cliente.
Como arquitecto tú siempre eres quien diseña
el espacio. En principio tienes una idea clara de qué
tipo de cocina se quiere y de cómo se requiere que
funcione. De ahí haces uso de las posibilidades que
el cocinista ofrece. En esta etapa es en la que el cliente
se involucra más y en donde tiene una idea más
clara en términos de accesorios y tecnología.
El rango de clientes afortunadamente es bastante amplio: presupuestos
muy grandes, casas con poco presupuesto, gente más
seria, gente más joven que busca un espacio más
funky. Espero que se mantenga así.
Nuestros proyectos se han desarrollado a partir de planteamientos
muy distintos. Quien facilita o dificulta el proceso es el
cliente, no el presupuesto. No es más fácil
diseñar si tienes más plata. Si tienes poco
presupuesto se diseña con base en eso y resulta tan
fácil o tan complicado como lo planees.
El reto de las nuevas generaciones de arquitectos es atemporal.
Aunque la arquitectura es definitivamente un oficio, también
es un arte, y se complica en términos de todos los
intereses involucrados, incluido el propio. El reto es lograr
la negociación entre la realidad y los intereses, expresando
algo que te parece importante emocional e intelectualmente.
Finalmente el reto está en tener la práctica
y hacer las cosas que te interesen. Hay una cantidad extraordinaria
de arquitectos que hacen tan solo lo que el cliente les pide,
lo que la corrida financiera les pide, o lo que una realidad
determinada les permite.
El reto está en llevar la realidad más allá
y convertirla en algo trascendente en términos emocionales,
con la capacidad de convertirla en arte. El paso puede ser
muy sutil pero es como un oficio en términos de estar
revisando cómo acomodar las piezas sin comprometer
lo que se trata de decir, ajustándolo a la realidad
de los materiales existentes, de las necesidades concretas
del cliente, de sus manías, del sitio, etc. Hay distintas
esferas de esta realidad y el reto está en poder conciliarlas
haciendo algo de interés. Ese siempre es el reto universal
de aquel que hace arquitectura.
En la Ciudad de México hay un boom extraordinario de
desarrollos inmobiliarios. Ahí veo un reto muy concreto
en términos de lograr que esta arquitectura tenga un
valor más allá del valor comercial, pues la
inmensa variedad de lo que se está haciendo solo cumple
con el interés financiero. Hay mucha gente haciendo
desarrollos inmobiliarios y en realidad muy poca arquitectura.
Se está transformando la ciudad y los edificios de
valor son muy pocos.
En cualquier sitio del mundo, la arquitectura representa un
porcentaje mínimo. Existen ciudades muy bellas y homologadas,
pero no se puede reglamentar el mal gusto o la falta de sensibilidad;
nadie está cometiendo ningún crimen, solo haciendo
dinero y construyendo departamentos. La mesura en ese sentido
debería ser de parte de los compradores. He visto gente
con dinero y con capacidad de comparación, pero que
compra cosas que verdaderamente no resisten un análisis,
en donde el espacio no funciona y está mal planeado
por falta de cultura arquitectónica. Si nunca has tenido
especial conciencia del espacio puedes vivir en cualquier
sitio, o no darte cuenta de que no funciona hasta que ya estás
metido ahí.
En algún momento los miles de desarrollos inmobiliarios
se van a reducir y desaparecerán instantáneamente
con todo y la modelo que los presenta. Se trata de un ciclo.
Quienes hayan realizado proyectos más sólidos
probablemente tendrán menos trabajo, pero seguro tendrán
trabajo en obras interesantes, donde sea indispensable contar
con un arquitecto más inmerso en términos del
quehacer arquitectónico. Me refiero al diseño,
al arquitecto diseñador que pone el énfasis
fundamental de su trabajo en el diseño, lo cual es
nuestro caso: todo lo que hacemos es para quien quiere emprender
un experimento o explicación arquitectónica.
Mientras haya trabajo habrá arquitectura. Finalmente
es una disciplina que no es independiente a su contexto. Si
se puede hablar de una nueva generación de arquitectos
es porque hay trabajo.
Tal vez hay quince personas de mi edad que figuran en diversas
publicaciones y que están haciendo obras interesantes.
No soy tan romántico como para hablar de una generación.
La cuestión es que hay trabajo. Si no fuera el caso,
podríamos ser muy listos o muy tontos y nadie se enteraría.
Por un lado, en términos de timing cultural, mi generación
ha sido bastante afortunada. Aunque es verdad que no hay una
demanda general de buena arquitectura, sí hay una demanda
concreta de buena arquitectura. Muchos de mis clientes ya
saben quiénes son los arquitectos contemporáneos,
e incluso tienen sus libros en casa y han desarrollado un
gusto por la arquitectura. Estoy seguro que hace quince años
esto era más difícil, y eso tiene que ver con
los medios. Hay una demanda de lifestyle y el diseño
del espacio como objeto recibe el mismo culto que un automóvil
o una obra de arte.
La arquitectura comprende cuarenta mil cosas; de otra manera
no me interesaría o me mataría de aburrimiento.
Afortunadamente, la arquitectura es tantas cosas que me parece
anacrónico categorizarla.
Definitivamente me interesa que la arquitectura sea emocional;
no me interesa personalmente una arquitectura basada en la
razón y en el funcionalismo. En términos emocionales
me interesa buscar los elementos que hacen que la realidad
se magnifique. Generalmente trato de apostar con recursos
sencillos para lograr efectos extraordinarios, y no al revés.
Todo lo que hacemos, en ese sentido, se parece porque nos
interesa que tenga un twist. Mi formación fue absolutamente
plástica pero definitivamente me interesa una exploración
personal arquitectónica. No me interesa reproducir
algo que ya he visto.
Nuestro equipo de trabajo está formado por gente joven
y apasionada que se involucra absolutamente en todo lo que
hacemos; el trabajo es de grupo. No creo en la noción
del arquitecto autor. Creo que hay una energía, una
inercia que conduce el trabajo de la oficina. A partir de
ahí se construye no solo con el equipo interno sino
con el constructor, quien también te da soluciones
extraordinarias. Además, en muchísimos casos
mis clientes también han tomado decisiones clave sobre
la obra. No hacemos imposiciones. El proceso se parece un
poco al cine, en términos de la producción colectiva:
hay un director, pero el resultado se logra con toda las personas
involucradas. +
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